martes, 20 de abril de 2010

Políticos de Badajoz (III). El P.P.


Hasta ahora hemos venido hablando de los proyectos políticos locales como proyectos fallidos. Fundamentalmente el proyecto socialista, que deviene en proyecto fracasado antes de entrar en la competición electoral, por causa de los vicios que lastraron su práctica política en el pasado, pero también el proyecto de Izquierda Unida que ha renunciado a su base fundacional, (el comunismo), para transmutarse en un republicanismo que reniega de su propia historia, (aunque la referencia al 14 de abril sea como la purga de Benito que todo lo arregla históricamente) y no encuentre más salida en su praxis que una demagogia postmoderna que sonrojaría de vergüenza a sus correligionarios históricos.
Pero hay un proyecto que está investido del éxito de tal manera que en cada una de las elecciones que se convocan se erige en ganador indiscutido, sin necesidad de recurrir a pactos de legislatura, sino gozando de cómodas mayorías que constantemente renueva. Hablamos, naturalmente, del Partido Popular de Badajoz. El éxito de esta formación se basa en que tiene un líder indiscutido, Miguel Celdrán, un programa tan válido como cualquier otro al que no han hecho nunca ni caso, (en el sentido de que jamás se han preocupado de llevarlo a la práctica) y, de forma especial, en que no les han endosado escándalos de suficiente entidad como para que la gente se planteara cambiar de voto. Es cierto que también está el fracaso socialista para que pueda existir un régimen local de partido único y un apoyo decidido de la prensa local (periódico Hoy), pero eso no quita mérito a las virtudes pragmáticas que pasaremos a ver a continuación.
El líder local, Miguel Celdrán, basa su éxito en una confusión semántica: confundir lo chabacano con lo campechano. Según el diccionario de la RAE campechano, en lo que aquí interesa, es:
3. (Por la fama de cordialidad de que gozan los naturales de Campeche, tierra de vida placentera según la creencia popular). adj. Que se comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato.
4. adj. coloq. Franco, dispuesto para cualquier broma o diversión.
6. adj. coloq. Afable, sencillo, que no muestra interés alguno por las ceremonias y formulismos.
Hay una quinta acepción que, como veremos después no le corresponde al personaje que sería la de dadivoso.
Por su parte, chabacano, en lo que aquí se refiere, sería:
1. adj. Sin arte o grosero y de mal gusto.
La mala educación de cierto sector de la población ha motivado la confusión entre los dos términos y el éxito del personaje.
En cuanto al programa del partido, es preciso señalar que nadie ha encontrado ni una sola de aquellas cuartillas en las que, cuando hay elecciones se imprime. Posiblemente las hojas impresas con el programa se autodestruyen cuando termina el recuento de votos. Esto no lo hemos podido comprobar de forma fehaciente pero parece que cualquiera lo puede constatar. Incumplir el programa es algo que saben hacer bien todos los políticos, la diferencia es que en Badajoz el P.P. lo ha convertido en un arte. Hace falta unas cualidades especiales para convertir el cinismo más extremo en política creíble y que te sigan votando durante cuatro legislaturas, (y las que queden). Veamos algunos ejemplos de lo que acabo de decir.
Ya dijimos en nuestro comentario titulado “qué pintan ahí los políticos” que el Ayuntamiento, (a través de la Inmobiliaria Municipal), había puesto un cartel en la Granadilla anunciando las viviendas que iba a construir en ese PIR cuando la Junta de Extremadura se sacó el del “Cerro Gordo”, cuyas viviendas están entregadas, con la gente viviendo allí y convertido ya en un barrio de la ciudad, mientras que el del Ayuntamiento aún no se sabe cuándo lo van a empezar. Pero no por eso han retirado el cartel que allí sigue.
Mientras que las ciudades españolas han sufrido un profundo cambio y se han modernizado de forma notable la ciudad de Badajoz sigue anclada en un pasado legendario. Mientras que en todas las ciudades españolas se construyen carriles bici, en nuestra querida ciudad se hizo una raya con una brocha y se le llamó así. No cuentan aquí los carriles que ha hecho la Junta en los desdoblamientos de las carreteras (Valverde y Cáceres) o en el acondicionamiento de los arroyos, me refiero a los que ha hecho la Corporación Municipal.
La Junta nos proporcionó contenedores amarillos para separar los embases y el Ayuntamiento hace la recogida mezclándolos (y utilizando los amarillos para basura ordinaria evitándose comprar más verdes). El Gacetillero lo ha visto y lo ha visto mucha gente que lo denunció en el periódico. No obstante de la limpieza no digo nada porque no hay nada que decir: no existe.
Aunque este Ayuntamiento no ha hecho nada por sus propios medios en quince años, eso no es óbice para que el Alcalde se quite las zapatillas, abandone el brasero y salga de su casa para convocar una rueda de prensa y decirnos que una gran parte de los proyectos que tenía pensado hacer no va a poder hacerlos por causa de la crisis ésta que ha traído Zapatero. Eso es arte. Pero, ¿cuándo han realizado un proyecto significativo?
Todo esto sin entrar en los barrios periféricos donde no recogen ni la basura, (que luego la gente quema los contenedores).
Lo que llevan hecho estos populares es el milagro de los panes y los peces: quince años gobernando gastando menos que un ciego en espejos y estar ahí con toda la cara.
A veces se pregunta uno para qué quiere esta gente gobernar el Ayuntamiento si no hacen nada en absoluto. Pues para eso, para evitar que otros lo hagan. Hacer cosas es gastar el dinero de los que lo tienen para que la ciudad la disfruten todos. Esa es la única política que ha seguido a rajatabla Celdrán durante todos estos años: no gastar ni un duro. Claro que una cosa es no dotar a la ciudad para el disfrute de todos y otra muy distinta es que el Alcalde no se pueda comprar dos coches de alta gama, (que como nunca se ven juntos tampoco es algo que escandalice), acondicionar cómodamente sus despachos y dependencias e invitar a la prensa a suculentas cenas navideñas para que luego hablen bien de Celdrán y otros gastos suntuosos que todo el mundo conoce (así como los que no conocemos). Desde luego que el no gastar un duro en la ciudad no es motivo para que no se suban el sueldo adecuadamente (a sus intereses personales), ni que de los quince populares que forman la Corporación nueve sean Tenientes de Alcalde (y uno alcalde) y cobren por eso un poco más.
La verdad no tiene nada que ver con la apariencia. En realidad Celdrán hace tiempo que se jubiló, (véase si no la página del P.P. en la que no aparecen más que los jóvenes) y Ayuntamiento, en sentido estricto aquí no existe. Todo es una apariencia muy bien montada. Una obra de arte.

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